La nube negra

Sir Fred Hoyle (1915-2001), astrónomo y matemático británico, una de las caras del jet-set cientifico del siglo XX, fue autor de un par de teorías minoritarias (por no decir proscriptas) que defendió empecinadamente sin perder por ello el aprecio de sus colegas, ya que su contribución a la ciencia fue mucha y muy variada.

Una de ellas fue la teoría del universo estable, en oposición a la teoria dominante del universo en expansión con un Big Bag previo. "Si vamos a creer el milagro de la creación desde la nada de una sola vez, ¿porque no creer el milagro de la creacion de materia desde la nada continuamente?", ironizaba. En la teoría del universo estable, que existió por siempre, también hay expansión (como negarla?) pero los huecos se rellenan continuamente con nueva materia creada y su aspecto general a gran escala siempre es el mismo. Hoyle murió sin conocer la avalancha de confirmaciones de la teoria rival. De ella objetaba que el fondo de radiacion del universo era demasiado homogéneo, que no aportaba las peculiaridades que debían resultar posteriormente en galaxias. Poco después del 2000 las peculariaridades fueron detectadas luego de separar ruido de toda especie y George Smoot ganó en el 2006 un Nobel de física por eso. Con un amigo -el caballero Hermida- pensamos, sin embargo, que en definitiva Hoyle tuvo razon, ya que hoy predominan teorías de universos múltiples (estaríamos en un "multiverso"), donde cada uno tuvo su Big Bag: eso y decir que el universo existio por siempre es lo mismo.

La otra teoría proscripta, desarrollada junto a su colega Chandra Wickramasinghe fué la del origen "espacial" de la vida: la vida, afirma, no solo es común en el Universo, sino que se origina en el espacio interestelar y se difunde desde alli vía agentes cometarios. Lease "Fuerza vital cósmica" (Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, 1988 en inglés, 1992 en castellano por Fondo de Cultura Económica, México). Su título new age me resultó sospechoso (en ingles no le va a la zaga: The Power of Life) pero lo leí. Para poder afirmar eso Hoyle juntó evidencias de los mas diversos ámbitos: desde la espectrografía infrarroja de nubes interestelares (que arrojan firmas idénticas a la espectrografía infrarroja de microorganismos terrestres) hasta la comparación de gráficas de difusión normal de virus en poblaciones británicas (comienzan desde un centro) contra gráficas de difusión anormales: la difusión es simultanea en amplias zonas geográficas! Como si el virus (gripe) literalmente hubiera caído desde el espacio, y otros indicios, como las dificultades para esterilizar naves espaciales, la presencia de microorganismos en los ambientes mas hostiles, la abundancia de meteoritos con estructuras microscopicas similares a microorganismos fósiles (como el ALH84001 hallado en la Antártida), aun inexplicadas, etc.

Basada en esa teoría, o tal vez como semilla de esa teoría, en 1957, Hoyle, que también fue autor de ciencia ficción, publicó "La nube negra". Esta historia ha tenido la distinción ser incluida en las listas de lecturas de materias de astronomía en las universidades (anglosajonas). La acción transcurre en 1964 y hoy algunos lectores han sentido que la historia esta un poco vieja porque se utilizan ordenadores a válvulas y cintas perforadas. Como leer "El conde de Montecristo" y también, objetar su vejez porque se usan mosquetes, floretes y barcos a vela.

Una nube de gas, del tamaño de la órbita terrestre llega al sol y lo oculta, provocando un trastorno climático y una catástrofe global. La situación es similar a un invierno nuclear, con temperaturas de 40 grados bajo cero y el sol convertido en un resplandor rojo en el cielo, con días que casi no se diferencian de las noches.

La historia pasa a travez de las etapas hollywoodenses del descubrimiento casual, la vigilancia del acercamiento, las discursiones de su naturaleza y los efectos que podría provocar, las malas relaciones entre los núcleos académicos y políticos, la llegada de la nube y sus efectos reales (todo fué peor a lo previsto) y el descubrimiento de que la nube... no era un simple volumen de gases orgánicos.

Puede entreverse también un panfleto de la clase científica contra la clase politica, improvisada y corrupta. El principal argumento gira en torno a la libertad de información, ya que la mayor parte de las calamidades de la historia se producen por guardar secretos. Hoyle sostiene que mantener secretos en presunto beneficio del orden social tiene a la larga mas perjuicios que difundir la información desde el comienzo.

De paso, parece ser una carta de presentación social del científico nato ante el hombre común, al que le pide cierta tolerancia. Hoyle muestra como el personaje principal, el excéntrico cientifico Chris Kingsley puede ser también un poco calavera, además de bon vivant. Hoyle seguramente aprendió en carne propia que la mayoría de la gente no te respetará, ni creeré que eres humano, ni parecerás interesante sin esas características.

También es una simpática protesta nacionalista contra los primos norteamericanos. Simpática porque en el fondo, los admira. Insiste con que los americanos son una fuerta bruta, en oposición a los británicos, con menos recursos económicos pero con mayor dominio intelectual, una creencia popular que se mantuvo hasta la década del sesenta, a juzgar por sus menciones en novelas y películas.

Finalmente, es también un poupurri de detallitos interesantes donde de tanto en tanto boyan agunos aforismos: "Sólo vale la predicción en la ciencia": como crítica de la generalizada actitud de hacer explicaciones absolutamente ceñidas a los hechos: que una explicación debe hacer algo más que ajustarse a los hechos, debe lograr hacer predicciones... o morir en el intento; una teoría debe arriesgarse ("ponerse la camisa" dice) y sólo arriesgándose puede ser útil, debe expresar más de lo que se le pidió, debe generar más que los hechos observados. Por supuesto, esta actitud no es muy imitada porque entraña riesgos profesionales para el autor, como Hoyle mismo los corrió. Otro: "La naturaleza no produce ejemplares únicos" (o casi al decir de Aristóteles: "No hay ciencia de lo particular"), queriendo expresar que cualquier objeto natural no es más que una variante de un modelo muy generalizado, salvo usted, señora, que por supuesto, es un ejemplar único e irrepetible.
Con Hoyle, la cuestión de la posibilidad o no de la telepatía (quién necesita telepatía con los omnipresentes celulares?) quedó banalmente descartada en pocas palabras:
-¿Y qué significa para ti, Ann? (la telepatía)
-Poder dirigir los propios pensamientos sin hablar, o por supuesto sin escribir o hacer señas o cualquier cosa por el estilo.
(...)
-Eso quiere decir usar una propagación radial -intervino Leicester- Y propagacion radial significa utilizar corrientes alternadas y no los voltajes y las corrientes continuas que usamos en nuestros cerebros.
-Pero yo creía que eramos capaces de algun grado de telepatía - sugirió Parkinson.
-Tonterías. Nuestros cerebros simplemente no trabajan de manera adecuada para la telepatía. Todo se basa en voltajes de corriente continua y la transmisión radial es imposible de esa manera.
El que quiera entender que entienda...
Podemos hallar tambien algunas buenas ideas para guisar otros argumentos:
->Un personaje revela: "La sospecha es que existe un obstáculo absoluto para la comunicación de información relativa a los problemas profundos. Pareciera como si cualquier inteligencia que intenta adquirir esa información es aislada por el espacio, esto es, el espacio se cierra a su alrededor de tal manera que no hay comunicación posible de ningún tipo con otros individuos de una jerarquía similar". Con esto podríamos crear una bonita conjura cósmica contra el conocimiento profundo.
->¿Y si el subnormal Joe Stoddard se hubiera sentado al comunicador diseñado por La Nube? Tal vez el cuento "Flores para Algernon" acerca de un retardado en quien se estimula un desarrollo intelectual superior y que finalmente decide ser "verdadero" y abandonar el tratamiento, encontró su inspiración aquí.
->¿Y si la nube hubiera colapsado ante el ataque de los atolondrados yankees? La humanidad decadente hubiera caído en una nueva era de hielo, más bien de hielo-IV, con la atmosfera solidificada y un habitat obligatoriamente subterráneo: aquí tenemos los ingredientes propicios para una saga de largo aliento.

Como hombre practico, Hoyle nunca se preocupó por la estética literaria, y por eso su prosa ostenta la gracia de la bitácora de una repartición municipal, sus personajes carecen de patologías (que la gente culta -hambrienta tambien de venalidad y sordidez- desprecia por "unidimensionales"), sus historias estan salpicadas de inclementes resumenes, y se hallan centradas en los hechos y no el estilo.
Enlaces:
http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=159&autor=3&tema=2

Casi un clásico

Ese de la izquierda con pinta de duro no soy yo: es Jeff Long, autor de "El descenso".

Las historias de terror me gustaron de adolescente, pero la verdad es que nunca logre inquietarme demasiado leyendo, salvo tal vez con Lovercrafth, a pesar de la opinión de Stephen King acerca su barroca e innatural prosa. Inicié la lectura de "El descenso" sin la menor idea de su argumento, solo guiado por el título sugestivo, entre otros de ciencia ficción. Digo esto porque al terminar el primer capítulo puede parecer que se trata de una historia de terror. Pero, el correr de las páginas niega esa presunción ya que falta, aunque flote, el elemento sobrenatural.

Hay, en todos los generos, una apuesta permanente a repetir EL argumento con la esperanza de lograr LA historia insigne. Jeff Long intenta hacer la novela insigne del tema "nosotros contra los monstruos". Y casi lo consigue.

En los cuatro largos primeros capítulos, aumenta el suspenso mientras armamos una red incompleta de conjeturas a base de retazos, como se estila. Que hay viejos enemigos de la especie (el tema central de Lovercrafth), con las habituales evidencias históricas, folklóricas y arqueológicas; enemigos que al principio se sugieren y no se muestran, salvo sus espeluznantes acciones; hasta que al fin, en el quinto capítulo, se lo reconoce y comienza la respuesta oficial, una cruzada (como en Starship Troopers de Heinlein o Alien II), con sus estereotipados exitos y reveses. Hablando en tono génerico, de resumen, que los escritores de aventuras deben evitar porque el detalle es la carne de una novela, Jeff Long sin embargo nos regala un paneo global de la situación que es interesantísimo y que por sí solo podría llenar una miniserie de diez entregas. Es que arribamos a una situación original, si nos olvidamos de Dante: el infierno existe y esta bajo la tierra, ahí nomás, un poco por debajo de nuestros sótanos. Y a pesar de que Long desmitifica la situación reduciendo los habitantes del subsuelo nada más que al "homo abisalis", una variante mas guerrera y sádica que el mismo homo sapiens capaz de caer bajo las balas de las ametralladoras, logra también dejar la sensación de que los enemigos son algo más que biología endurecida. Es una interesante técnica: sugerir con fuerza una cualidad negándola explícitamente.

Un autor mas normal hubiera tenido bastante con el 25% de "El descenso" estirándolo al número de páginas estándar. Esto me recuerda el guión de la pelicula "El Descenso", que parece ser el capítulo 1 mal adaptado, pero oficialmente no hay relación entre ambas historias. Jeff Long llega al 25% del relato habiendo ocurrido de todo y uno se da cuenta que el asunto recién comienza.

El resto es una expedición y tambien una lucha de varios frentes, una sui generis mezcla de "El pendulo de Foucault" con "Viaje al Centro de la Tierra". A Verne le hubiera encantado.

Jeff Long disfruta con la parafernalia militar y sus rituales operativos, y describe muy bien la acción. Es difícil describir acción y generar suspenso sobre un papel. El escritor debe ser capaz de ocupar la mente del lector de modo que este no quiera calcular lo que vendrá. La descripción en trazo grueso y sin embargo precisa, es esencial. Un escritor de acción debe ser como un pintor impresionista. Las lineas de "El descenso" generan con facilidad y precisión todas las escenas y especialmente las bélicas. Por supuesto, esa eficiencia descansa en una peculiaridad del hombre del siglo 21: tiene la memoria rebosante de cinematrografia con escenas listas para un "copiar y pegar" instántaneo en el tapete de la imaginación.

El relato esta condimentado con precisas acotaciones sobre diversos temas, como antropología, geología, religión, linguística, arqueología, historia, literatura, tecnología, biología, geografía, anatomía, medicina forense, etc., como también le gustaba al viejo Verne. De paso, reproduzco un pequeño homenaje, donde uno de los personajes principales, un etnólogo ciego, lame una espada sajona que siglos atrás estuvo en manos de ambos bandos en conflicto:

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó January.
—Recordando una historia —contestó— Un poeta argentino habló de dos gauchos que se enzarzaron en una lucha mortal a cuchilladas porque se vieron arrastrados a ella por sus propios cuchillos.
El ciego levantó la antigua espada utilizada tanto por el hombre como por su demonio
—Ahora simplemente me preguntaba cuál sería el recuerdo del hierro —terminó diciendo.


Y no faltan cuestiones filosóficas dejadas en el aire, como cuando describe la actividad de Osprey, especialista en lepidópteros:

Su investigación se relacionaba con la antiquísima ruta migratoria de las mariposas Monarca. La "Dañas archippus" ponía sus huevos en el norte de América y luego moría. Los ejemplares jóvenes emergían sin padres que los guiaran y, sin embargo, cada año recorrían miles de kilómetros siguiendo la misma ruta ancestral, hasta el mismo destino en México. ¿Cómo podían hacerlo? ¿Cómo era posible que una criatura que pesaba menos de medio gramo tuviera memoria? Seguramente, la memoria debería pesar algo. ¿Qué era la memoria?

A Jeff Long se encantan las disquisiciones psicológicas, analizando las reacciones y los reflejos de las reacciones de sus personajes. Tiene suficiente liberalidad como para hacer de dos homosexuales personajes protagonicos simpáticos. Escribe como un facista pero se rie explicitamente de ellos.

En suma, un escritor completo casi en todos los rubros. Y es un hombre joven. No debió pasar un periodo de maduración extendido como Wilbur Smith(1) . Es decir, que los proximos años tendremos más y mejor Jeff Long.

Sin embargo, la calidad de la historia traza un arco. Arranca bajo, sube y cerca del final vuelve a caer. El remate parece haber sido pensado en 15 minutos -como me gusta decir- con el Señor Editor esperando en la puerta, con el motor del coche prendido, para llevarse el original. Sin embargo, Jeff Long daba para más.

Además de eso, muy a mi pesar (que mas quisiera yo que escribir como el!), noto un par de incongruencias graves, como capacidades que el personaje X no debería tener pero tiene y otras capacidades que el personaje Z deberia tener y no tiene.

Es por esto que creo que el cetro de "novela insigne" en el tema de "nosotros contra los monstruos" permanece donde está, y donde está es tema de discursión, que es otra historia. En todo caso, puede ser motivo de una proxima nota.

Por un pelo.

Dejo el link al sitio del autor, que como se puede ver, no es un patán cualquiera de la industrial editorial. Además, le gusta viajar a lugares riesgosos e incómodos y beber de las fuentes las sensaciones de los distintos lugares que luego recreará en sus historias.
http://www.jefflongbooks.com/


(1) Hace veinte años Wilbur Smith escribía unas historias llenas de escenas empalagosas como sacadas de avisos comerciales idealizados, pero a partir de Río Sagrado entró en la literatura

Mercader de Inteligencia

Nunca había leído a John Boyd (pseudónimo de Boyd Bradfield Upchurch, n.1919), y las pocas portadas que ví de sus novelas pasaron bajo mis ojos como lejanas casitas vistas desde un avión. No se que me hizo ignorarlo, tal vez la búsqueda de historias megalíticas como "Cita con Rama" o "Los ingenieros del mundo anillo".

John Boyd es un caso atípico dentro del campo, simplemente porque parece un escritor normal, de abundante oficio, a quién se le dió por hacer CF. Lo de "normal" lo digo por su incursión en los asuntos sociales y sexuales de sus personajes, que tradicionalmente se ignoran en la CF, o son reducidos a breves y pre-modeladas menciones, ya que la finalidad de la CF es la de asombrar con lógica, y sus clientes no podrían asombrarse con descripciones costumbristas. Me incluyo.

Particularmente, si quisiera leer sobre romances y sexo tengo el resto de las novelas del universo, donde todos los autores certifican su extenso conocimiento de la vida. Hasta al viejo pope de la CF, Arthur Clarke, se le da por eso ahora, cuando tendría que estar mas preocupado por su relación con la bolsita de suero intravenoso.

Sin embargo, en este caso, el bien descrito entorno convencional de un científico y hombre de negocios (Hugh Dorsey) dedicado a la producción y venta de medicamentos avanzados, hace mas verosímil el relato, "Mercader de inteligencia" ("The I.Q. Merchant", 1972).

Revelo algo del argumento:
Hugh Dorsey, bioquímico, logró sintetizar un producto para mejorar la memoria. Lo patento como Memorazine, y creo una pequeña empresa. Pero, debido a una competencia demasiado agresiva (y desleal), a una ineficiente campaña publicitaria y a una errónea politica de distribución, los negocios empeoraron y la bancarrota es muy probable.
Además, arrastra el problema de una esposa ciclotímica y alcohólica (que al menos es hermosa y cultisíma, vaya combinación), un hijo de casi 18 años subnormal y una úlcera (en aquella epoca no se sabía que las úlceras son mayoritariamente virósicas). La única salida que ve esta en el exito de su nuevo fármaco, el Hexagon Seis, "algo más" que la siguiente versión del Memorazine. Pero su efectividad anda lejos del 100%: el 45% de los ratones inyectados exhibe un notable mejoramiento en el aprendizaje de los laberintos, más vivacidad, mejores reflejos; el 10% no muestra ningún efecto y el 45% restante muere rápidamente por terribles tumores.

Si bien esos problemas podrían subsanarse, está muy lejos la comercialización del producto. A continuación deberían comenzar las pruebas con simios y bastante después, con humanos. Y más tarde, con mucha suerte, vendría la aprobación de la Federal Drugs Administration para iniciar las ventas. Y Dorsey no tiene tiempo. No solo eso, si la versión final del Hexagon Seis falla demasiado en los humanos será su quiebra financiera y profesional, de modo que, literalmente, también será su muerte. Porque para proteger a su familia solo le quedaría su seguro de vida. Y en su desesperación, Dorsey está totalmente dispuesto a sacrificarse.

Anticipandose, necesitado de evidencias del efecto del Hexagon Seis en humanos, en absoluto secreto, desde hace meses administra pequeñisimas, pero pequeñisimas dosis a su hijo Marlon. Y lo testea con ejercicios de memoria y reflejos. Dado que no aparecen efectos adversos y sí algunas mejorias, decide hacerle el tratamiento completo: inyecta seis dosis a Marlon espaciadas segun corresponde, y a si mismo. Y le hace prometer a Marlon declarar que fueron doce en vez de seis: si Dorsey muere por efecto de la droga, podría parecer suicidio y así no se efectivizaría el reembolso del seguro.

A lo largo de los meses Marlon progresa espectacularmente. Dorsey parece ser indiferente a la droga. Su esposa Liza al fin se entera y se opone: ademas de alcohólica, la intelectual belleza esgrime una panoplia de izquierdistas pruritos morales que no le impiden usar vestidos de 1000 dolares.
(En una de las discursiones se menciona "Flores para Algernon", relato pionero en el tema de la potenciación artificial de la inteligencia: eso es un toque de honestidad). Dorsey, no obstante, decide proseguir. Inicia en persona, solito y gastando zapatos, una blitzkrieg con su producto Memorazine, salteando a sus propios distribuidores y entregando la ganancia que sería de ellos a los jefes de compra de los vendedores minoristas. Ademas rompe con el estudio que le hiciera la campaña publicitaria (que fue amañada por la competencia). Las cosas comienzan a marchar. Y Marlon, que casi es un genio, le ayuda en los negocios.

Todo venia funcionando muy bien, cuando un incidente familiar (mas el estrés acumulado) provoca un empeoramiento de la úlcera de Dorsey y lo manda a la clínica. Fuera de combate por un tiempo, acepta que Marlon, sin ninguna formalidad legal (aun es menor), se haga cargo de la empresa. Mientras dura su recuperación pareciera que todo marcha muy bien, con Marlon revelándose como un as de los negocios.

Al regresar Marlon lo pone al tanto de todo, especialmente del dinero disponible, y aparentemente se marcha para ingresar a la universidad. Entonces, tardíamente, Dorsey descubre las terribles maquinaciones de su hijo, de las que deberá hacerse responsable. Y para colmo de males, Marlon desaparece. El mundo se le viene minuciosamente encima.

El estilo de Boyd es característico entre los escritores anglosajones contemporáneos: escueto, con un poco de humor de tanto en tanto. En oposición, el estilo típico de la CF -anglosajona o no- tiende (casi necesariamente) a la charlatanería, en parte por tratar de anticiparse al conocimiento, en parte porque sus escritores que no son literatos, están solamente buscando consecuencias asombrosas de nuevos elementos. Para dar un ejemplo, veamos el siguiente y muy representativo parrafo de un relato de ciencia ficción ("Memoria", Poul Anderson, 1969). En esa historia el señor Korul Wanen es recuperado de un planeta por sus ex compañeros a quienes no recuerda, enajenado por la inyección de una personalidad y recuerdos falsos. Entonces le devuelven su psique original, y el inevitable especialista le "explica" el procedimiento:

—Sí. Te explicaba la idea fundamental. —Horlam respiró a fondo y se dispuso a pronunciar su discurso—. Se entiende que las pautas de la memoria, incluyendo las pautas de los hábitos inconscientes, son redes sinápticas «estriadas» a través del sistema nervioso..., si me permites hablar con cierta imprecisión. En un momento determinado, la personalidad se halla en función de la herencia básica, de la constitución física, en la que influyen la salud y la dieta, por ejemplo, y del total acumulado en las redes sinápticas. Dada su constitución física, dichas redes pueden explorarse y, claro está, todo lo que puede explorarse es susceptible de ser registrado. En el interior de este cilindro, se encierra una proteína compleja, cuyas moléculas se distorsionan selectivamente para que registren los datos explorados. Pero ahí está el
detalle. Todo lo que puede explorarse es también susceptible de ser selectivamente heterodinizado, cancelado, borrado..., llámalo como quieras. El proceso convierte el cuerpo adulto en una masa sin memoria y sin mentalidad, aunque aprende con sorprendente rapidez. En menos de un año, se transforma en una nueva personalidad, que funciona sin problemas. Si se exploran y cancelan a su vez los nuevos recuerdos, como los que tú adquiriste en los
últimos cinco años, los anteriores pueden «reimplantarse» por así decirlo, en el sistema nervioso. Así retornó a la vida el teniente Korul Wanen.



Y acá hay un parrafo típico de John Boyd. En la escena Dorsey consulta con el cirujano Keene acerca de los fármacos para combatir los tumores cerebrales eventualmente generados por la droga Hexagon Seis, que pretende inyectar a su hijo Marlon. Para sonsacarle información invita a Keene a almorzar. Keene se imagina muy bien en que anda Dorsey:

Seguro de que Keene guardaría sus confidencias, le habló detalladamente de los ratones y del Hexagon Seis mientras el cirujano engullía la comida con ademán elegante. Keene podía hacer las cosas con rapidez permaneciendo en calma. Al acabar el primer plato, Dorsey preguntó si existía algún método para evitar el crecimiento de tumores cerebrales.
—Se han obtenido algunos éxitos con la dexametasona -dijo Keene-, pero es una proposición poco segura si lo que quieres es estimular la neurología humana, que me figuro será tu finalidad real dado que eres un comerciante.
Keene sonreía intentando picar a Dorsey, pero éste movió la cabeza afirmativamente.
—En algunos casos. Pero los tumores cerebrales provocados me dan la oportunidad de investigar sus causas. Si puedo eliminar el peligro, el producto sería mucho más eficaz.
Keene estaba escribiendo en un bloc que acababa de sacar del bolsillo y se detuvo, con una mueca especulativa en la cara.
—Me inclino a pensar que los tumores cerebrales no son el peligro más importante. Esta idea también se le había ocurrido a Dorsey.
—Estás hablando de un genio psicopático.
Más tarde se dio cuenta de que su respuesta contenía más de lo que él intentaba decir. Pero en ese momento Keene se limitó a mover la cabeza con aire de duda.
—En parte. Pero eso sería una responsabilidad individual. Cualquier tipo de proyección de la inteligencia general a un nivel más alto, aunque suponga únicamente un aumento de pocos puntos sobre la norma teórica(1), puede llevarnos a una nueva torre de Babel, e incluso terminar con nosotros.
—Pero ya hay variaciones -señaló Dorsey.
—Dentro de nuestro alcance -aceptó Keene-; pero una creciente explosión de inteligencia...
Rechazó las preguntas sin respuesta que le venían a la mente, y finalmente se inclinó hacia adelante, viéndolo todo claro.
—¿Cuál era la diferencia entre el hombre de Neanderthal y el de Cro-Magnon? Una piedra, un palo, los tendones desecados de un animal, más un pequeño aumento en la creatividad, necesario para reunir esos elementos y formar un arco y una flecha. Pero mira los resultados. Somos los descendientes del Cro-Magnon, mientras que el Neanderthal es un fósil.
—¿Y por qué iba a acabar esto con nosotros?
—Porque somos hombres con principios morales -sonrió Keene-, y la moralidad es un lujo y una carga que acaso no sobreviva a un cambio... Aquí tienes unas recetas para la dexametasona. Puedes conseguirla en la farmacia de la entrada. Tenme informado de cualquier tipo de progreso.
Mientras doblaba y guardaba el papel, Dorsey dijo:
—Estás hablando de evolución y eso es un cambio genético.
—No lo fue para el hombre de Neanderthal. -Keene miró su reloj y se bebió el café con gestos educadísimos-. Fue un final repentino... Como científico, Dorsey, te pregunto: ¿Qué puedes perder? No te has planteado la pregunta y yo no voy a darte una respuesta. Como amigo de la familia, me preocupa Liza. Como presbítero de la Iglesia, tengo que pensar en Marlon. El experimento en que estás pensando es inmoral pero cuanto más se piensa en la moralidad y la legalidad más fútiles se vuelven.


Como se ve, no hay ninguna necesidad de mirar con un solo ojo estas lineas, a fin de conservar la ficción. Toda la novela mantiene la misma razonabilidad, una constante consideración por los obstaculos reales del mundo real, donde debe cumplimentarse condiciones legales, comerciales, alianzas, etc. Nada es fácil, nada se hace chasqueando los dedos.

Como ciencia ficción, la historia es bastante conservadora. En materia de fantasía, me parece mas fantástico que exista una mujer hermosa y genial, o que un matrimonio mantenga el amor por 18 años que la producción de un fármaco para mejorar la inteligencia.

Cuando las páginas comienzan a escasear y cuando Dorsey ya no tiene espacio para maniobrar, y cuando uno piensa que el escritor solo puede recurrir a un disparate para cerrar la novela, se da el remate, fantasioso y sin embargo, lógico, natural, y que, de paso, revela a Boyd como un verdadero subversivo, mal que le pese al punto de vista convencional de toda la historia.

Y aqui tienen a otro para llevar preso.

(1) El cociente intelectual promedio de 100