Mercader de Inteligencia

Nunca había leído a John Boyd (pseudónimo de Boyd Bradfield Upchurch, n.1919), y las pocas portadas que ví de sus novelas pasaron bajo mis ojos como lejanas casitas vistas desde un avión. No se que me hizo ignorarlo, tal vez la búsqueda de historias megalíticas como "Cita con Rama" o "Los ingenieros del mundo anillo".

John Boyd es un caso atípico dentro del campo, simplemente porque parece un escritor normal, de abundante oficio, a quién se le dió por hacer CF. Lo de "normal" lo digo por su incursión en los asuntos sociales y sexuales de sus personajes, que tradicionalmente se ignoran en la CF, o son reducidos a breves y pre-modeladas menciones, ya que la finalidad de la CF es la de asombrar con lógica, y sus clientes no podrían asombrarse con descripciones costumbristas. Me incluyo.

Particularmente, si quisiera leer sobre romances y sexo tengo el resto de las novelas del universo, donde todos los autores certifican su extenso conocimiento de la vida. Hasta al viejo pope de la CF, Arthur Clarke, se le da por eso ahora, cuando tendría que estar mas preocupado por su relación con la bolsita de suero intravenoso.

Sin embargo, en este caso, el bien descrito entorno convencional de un científico y hombre de negocios (Hugh Dorsey) dedicado a la producción y venta de medicamentos avanzados, hace mas verosímil el relato, "Mercader de inteligencia" ("The I.Q. Merchant", 1972).

Revelo algo del argumento:
Hugh Dorsey, bioquímico, logró sintetizar un producto para mejorar la memoria. Lo patento como Memorazine, y creo una pequeña empresa. Pero, debido a una competencia demasiado agresiva (y desleal), a una ineficiente campaña publicitaria y a una errónea politica de distribución, los negocios empeoraron y la bancarrota es muy probable.
Además, arrastra el problema de una esposa ciclotímica y alcohólica (que al menos es hermosa y cultisíma, vaya combinación), un hijo de casi 18 años subnormal y una úlcera (en aquella epoca no se sabía que las úlceras son mayoritariamente virósicas). La única salida que ve esta en el exito de su nuevo fármaco, el Hexagon Seis, "algo más" que la siguiente versión del Memorazine. Pero su efectividad anda lejos del 100%: el 45% de los ratones inyectados exhibe un notable mejoramiento en el aprendizaje de los laberintos, más vivacidad, mejores reflejos; el 10% no muestra ningún efecto y el 45% restante muere rápidamente por terribles tumores.

Si bien esos problemas podrían subsanarse, está muy lejos la comercialización del producto. A continuación deberían comenzar las pruebas con simios y bastante después, con humanos. Y más tarde, con mucha suerte, vendría la aprobación de la Federal Drugs Administration para iniciar las ventas. Y Dorsey no tiene tiempo. No solo eso, si la versión final del Hexagon Seis falla demasiado en los humanos será su quiebra financiera y profesional, de modo que, literalmente, también será su muerte. Porque para proteger a su familia solo le quedaría su seguro de vida. Y en su desesperación, Dorsey está totalmente dispuesto a sacrificarse.

Anticipandose, necesitado de evidencias del efecto del Hexagon Seis en humanos, en absoluto secreto, desde hace meses administra pequeñisimas, pero pequeñisimas dosis a su hijo Marlon. Y lo testea con ejercicios de memoria y reflejos. Dado que no aparecen efectos adversos y sí algunas mejorias, decide hacerle el tratamiento completo: inyecta seis dosis a Marlon espaciadas segun corresponde, y a si mismo. Y le hace prometer a Marlon declarar que fueron doce en vez de seis: si Dorsey muere por efecto de la droga, podría parecer suicidio y así no se efectivizaría el reembolso del seguro.

A lo largo de los meses Marlon progresa espectacularmente. Dorsey parece ser indiferente a la droga. Su esposa Liza al fin se entera y se opone: ademas de alcohólica, la intelectual belleza esgrime una panoplia de izquierdistas pruritos morales que no le impiden usar vestidos de 1000 dolares.
(En una de las discursiones se menciona "Flores para Algernon", relato pionero en el tema de la potenciación artificial de la inteligencia: eso es un toque de honestidad). Dorsey, no obstante, decide proseguir. Inicia en persona, solito y gastando zapatos, una blitzkrieg con su producto Memorazine, salteando a sus propios distribuidores y entregando la ganancia que sería de ellos a los jefes de compra de los vendedores minoristas. Ademas rompe con el estudio que le hiciera la campaña publicitaria (que fue amañada por la competencia). Las cosas comienzan a marchar. Y Marlon, que casi es un genio, le ayuda en los negocios.

Todo venia funcionando muy bien, cuando un incidente familiar (mas el estrés acumulado) provoca un empeoramiento de la úlcera de Dorsey y lo manda a la clínica. Fuera de combate por un tiempo, acepta que Marlon, sin ninguna formalidad legal (aun es menor), se haga cargo de la empresa. Mientras dura su recuperación pareciera que todo marcha muy bien, con Marlon revelándose como un as de los negocios.

Al regresar Marlon lo pone al tanto de todo, especialmente del dinero disponible, y aparentemente se marcha para ingresar a la universidad. Entonces, tardíamente, Dorsey descubre las terribles maquinaciones de su hijo, de las que deberá hacerse responsable. Y para colmo de males, Marlon desaparece. El mundo se le viene minuciosamente encima.

El estilo de Boyd es característico entre los escritores anglosajones contemporáneos: escueto, con un poco de humor de tanto en tanto. En oposición, el estilo típico de la CF -anglosajona o no- tiende (casi necesariamente) a la charlatanería, en parte por tratar de anticiparse al conocimiento, en parte porque sus escritores que no son literatos, están solamente buscando consecuencias asombrosas de nuevos elementos. Para dar un ejemplo, veamos el siguiente y muy representativo parrafo de un relato de ciencia ficción ("Memoria", Poul Anderson, 1969). En esa historia el señor Korul Wanen es recuperado de un planeta por sus ex compañeros a quienes no recuerda, enajenado por la inyección de una personalidad y recuerdos falsos. Entonces le devuelven su psique original, y el inevitable especialista le "explica" el procedimiento:

—Sí. Te explicaba la idea fundamental. —Horlam respiró a fondo y se dispuso a pronunciar su discurso—. Se entiende que las pautas de la memoria, incluyendo las pautas de los hábitos inconscientes, son redes sinápticas «estriadas» a través del sistema nervioso..., si me permites hablar con cierta imprecisión. En un momento determinado, la personalidad se halla en función de la herencia básica, de la constitución física, en la que influyen la salud y la dieta, por ejemplo, y del total acumulado en las redes sinápticas. Dada su constitución física, dichas redes pueden explorarse y, claro está, todo lo que puede explorarse es susceptible de ser registrado. En el interior de este cilindro, se encierra una proteína compleja, cuyas moléculas se distorsionan selectivamente para que registren los datos explorados. Pero ahí está el
detalle. Todo lo que puede explorarse es también susceptible de ser selectivamente heterodinizado, cancelado, borrado..., llámalo como quieras. El proceso convierte el cuerpo adulto en una masa sin memoria y sin mentalidad, aunque aprende con sorprendente rapidez. En menos de un año, se transforma en una nueva personalidad, que funciona sin problemas. Si se exploran y cancelan a su vez los nuevos recuerdos, como los que tú adquiriste en los
últimos cinco años, los anteriores pueden «reimplantarse» por así decirlo, en el sistema nervioso. Así retornó a la vida el teniente Korul Wanen.



Y acá hay un parrafo típico de John Boyd. En la escena Dorsey consulta con el cirujano Keene acerca de los fármacos para combatir los tumores cerebrales eventualmente generados por la droga Hexagon Seis, que pretende inyectar a su hijo Marlon. Para sonsacarle información invita a Keene a almorzar. Keene se imagina muy bien en que anda Dorsey:

Seguro de que Keene guardaría sus confidencias, le habló detalladamente de los ratones y del Hexagon Seis mientras el cirujano engullía la comida con ademán elegante. Keene podía hacer las cosas con rapidez permaneciendo en calma. Al acabar el primer plato, Dorsey preguntó si existía algún método para evitar el crecimiento de tumores cerebrales.
—Se han obtenido algunos éxitos con la dexametasona -dijo Keene-, pero es una proposición poco segura si lo que quieres es estimular la neurología humana, que me figuro será tu finalidad real dado que eres un comerciante.
Keene sonreía intentando picar a Dorsey, pero éste movió la cabeza afirmativamente.
—En algunos casos. Pero los tumores cerebrales provocados me dan la oportunidad de investigar sus causas. Si puedo eliminar el peligro, el producto sería mucho más eficaz.
Keene estaba escribiendo en un bloc que acababa de sacar del bolsillo y se detuvo, con una mueca especulativa en la cara.
—Me inclino a pensar que los tumores cerebrales no son el peligro más importante. Esta idea también se le había ocurrido a Dorsey.
—Estás hablando de un genio psicopático.
Más tarde se dio cuenta de que su respuesta contenía más de lo que él intentaba decir. Pero en ese momento Keene se limitó a mover la cabeza con aire de duda.
—En parte. Pero eso sería una responsabilidad individual. Cualquier tipo de proyección de la inteligencia general a un nivel más alto, aunque suponga únicamente un aumento de pocos puntos sobre la norma teórica(1), puede llevarnos a una nueva torre de Babel, e incluso terminar con nosotros.
—Pero ya hay variaciones -señaló Dorsey.
—Dentro de nuestro alcance -aceptó Keene-; pero una creciente explosión de inteligencia...
Rechazó las preguntas sin respuesta que le venían a la mente, y finalmente se inclinó hacia adelante, viéndolo todo claro.
—¿Cuál era la diferencia entre el hombre de Neanderthal y el de Cro-Magnon? Una piedra, un palo, los tendones desecados de un animal, más un pequeño aumento en la creatividad, necesario para reunir esos elementos y formar un arco y una flecha. Pero mira los resultados. Somos los descendientes del Cro-Magnon, mientras que el Neanderthal es un fósil.
—¿Y por qué iba a acabar esto con nosotros?
—Porque somos hombres con principios morales -sonrió Keene-, y la moralidad es un lujo y una carga que acaso no sobreviva a un cambio... Aquí tienes unas recetas para la dexametasona. Puedes conseguirla en la farmacia de la entrada. Tenme informado de cualquier tipo de progreso.
Mientras doblaba y guardaba el papel, Dorsey dijo:
—Estás hablando de evolución y eso es un cambio genético.
—No lo fue para el hombre de Neanderthal. -Keene miró su reloj y se bebió el café con gestos educadísimos-. Fue un final repentino... Como científico, Dorsey, te pregunto: ¿Qué puedes perder? No te has planteado la pregunta y yo no voy a darte una respuesta. Como amigo de la familia, me preocupa Liza. Como presbítero de la Iglesia, tengo que pensar en Marlon. El experimento en que estás pensando es inmoral pero cuanto más se piensa en la moralidad y la legalidad más fútiles se vuelven.


Como se ve, no hay ninguna necesidad de mirar con un solo ojo estas lineas, a fin de conservar la ficción. Toda la novela mantiene la misma razonabilidad, una constante consideración por los obstaculos reales del mundo real, donde debe cumplimentarse condiciones legales, comerciales, alianzas, etc. Nada es fácil, nada se hace chasqueando los dedos.

Como ciencia ficción, la historia es bastante conservadora. En materia de fantasía, me parece mas fantástico que exista una mujer hermosa y genial, o que un matrimonio mantenga el amor por 18 años que la producción de un fármaco para mejorar la inteligencia.

Cuando las páginas comienzan a escasear y cuando Dorsey ya no tiene espacio para maniobrar, y cuando uno piensa que el escritor solo puede recurrir a un disparate para cerrar la novela, se da el remate, fantasioso y sin embargo, lógico, natural, y que, de paso, revela a Boyd como un verdadero subversivo, mal que le pese al punto de vista convencional de toda la historia.

Y aqui tienen a otro para llevar preso.

(1) El cociente intelectual promedio de 100

2 comentarios:

Ki dijo...

acabo de leerme el libro y me ha recordado a neuromante, aunque salvando las distancias.

es el mismo estilo, en el que tu como lector vas juntando las piezas segun puedes y la explicacion del autor llega paginas o capitulos mas tarde.

Julio Duran dijo...

Mas de un año despues se me ocurre releer esta pagina del blog, en la suposicion de que nadie dejaria comentarios, y hete aqui que encuentro el tuyo, asi que gracias por el.
Si, esa es la habilidad del buen escritor, ocultar parcialmente la historia y juntar todo en el final. Este es un buen libro bien escondido. Por la tematica, yo lo asocio con Juan Raro, de Stapledon.