Casi un clásico

Ese de la izquierda con pinta de duro no soy yo: es Jeff Long, autor de "El descenso".

Las historias de terror me gustaron de adolescente, pero la verdad es que nunca logre inquietarme demasiado leyendo, salvo tal vez con Lovercrafth, a pesar de la opinión de Stephen King acerca su barroca e innatural prosa. Inicié la lectura de "El descenso" sin la menor idea de su argumento, solo guiado por el título sugestivo, entre otros de ciencia ficción. Digo esto porque al terminar el primer capítulo puede parecer que se trata de una historia de terror. Pero, el correr de las páginas niega esa presunción ya que falta, aunque flote, el elemento sobrenatural.

Hay, en todos los generos, una apuesta permanente a repetir EL argumento con la esperanza de lograr LA historia insigne. Jeff Long intenta hacer la novela insigne del tema "nosotros contra los monstruos". Y casi lo consigue.

En los cuatro largos primeros capítulos, aumenta el suspenso mientras armamos una red incompleta de conjeturas a base de retazos, como se estila. Que hay viejos enemigos de la especie (el tema central de Lovercrafth), con las habituales evidencias históricas, folklóricas y arqueológicas; enemigos que al principio se sugieren y no se muestran, salvo sus espeluznantes acciones; hasta que al fin, en el quinto capítulo, se lo reconoce y comienza la respuesta oficial, una cruzada (como en Starship Troopers de Heinlein o Alien II), con sus estereotipados exitos y reveses. Hablando en tono génerico, de resumen, que los escritores de aventuras deben evitar porque el detalle es la carne de una novela, Jeff Long sin embargo nos regala un paneo global de la situación que es interesantísimo y que por sí solo podría llenar una miniserie de diez entregas. Es que arribamos a una situación original, si nos olvidamos de Dante: el infierno existe y esta bajo la tierra, ahí nomás, un poco por debajo de nuestros sótanos. Y a pesar de que Long desmitifica la situación reduciendo los habitantes del subsuelo nada más que al "homo abisalis", una variante mas guerrera y sádica que el mismo homo sapiens capaz de caer bajo las balas de las ametralladoras, logra también dejar la sensación de que los enemigos son algo más que biología endurecida. Es una interesante técnica: sugerir con fuerza una cualidad negándola explícitamente.

Un autor mas normal hubiera tenido bastante con el 25% de "El descenso" estirándolo al número de páginas estándar. Esto me recuerda el guión de la pelicula "El Descenso", que parece ser el capítulo 1 mal adaptado, pero oficialmente no hay relación entre ambas historias. Jeff Long llega al 25% del relato habiendo ocurrido de todo y uno se da cuenta que el asunto recién comienza.

El resto es una expedición y tambien una lucha de varios frentes, una sui generis mezcla de "El pendulo de Foucault" con "Viaje al Centro de la Tierra". A Verne le hubiera encantado.

Jeff Long disfruta con la parafernalia militar y sus rituales operativos, y describe muy bien la acción. Es difícil describir acción y generar suspenso sobre un papel. El escritor debe ser capaz de ocupar la mente del lector de modo que este no quiera calcular lo que vendrá. La descripción en trazo grueso y sin embargo precisa, es esencial. Un escritor de acción debe ser como un pintor impresionista. Las lineas de "El descenso" generan con facilidad y precisión todas las escenas y especialmente las bélicas. Por supuesto, esa eficiencia descansa en una peculiaridad del hombre del siglo 21: tiene la memoria rebosante de cinematrografia con escenas listas para un "copiar y pegar" instántaneo en el tapete de la imaginación.

El relato esta condimentado con precisas acotaciones sobre diversos temas, como antropología, geología, religión, linguística, arqueología, historia, literatura, tecnología, biología, geografía, anatomía, medicina forense, etc., como también le gustaba al viejo Verne. De paso, reproduzco un pequeño homenaje, donde uno de los personajes principales, un etnólogo ciego, lame una espada sajona que siglos atrás estuvo en manos de ambos bandos en conflicto:

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó January.
—Recordando una historia —contestó— Un poeta argentino habló de dos gauchos que se enzarzaron en una lucha mortal a cuchilladas porque se vieron arrastrados a ella por sus propios cuchillos.
El ciego levantó la antigua espada utilizada tanto por el hombre como por su demonio
—Ahora simplemente me preguntaba cuál sería el recuerdo del hierro —terminó diciendo.


Y no faltan cuestiones filosóficas dejadas en el aire, como cuando describe la actividad de Osprey, especialista en lepidópteros:

Su investigación se relacionaba con la antiquísima ruta migratoria de las mariposas Monarca. La "Dañas archippus" ponía sus huevos en el norte de América y luego moría. Los ejemplares jóvenes emergían sin padres que los guiaran y, sin embargo, cada año recorrían miles de kilómetros siguiendo la misma ruta ancestral, hasta el mismo destino en México. ¿Cómo podían hacerlo? ¿Cómo era posible que una criatura que pesaba menos de medio gramo tuviera memoria? Seguramente, la memoria debería pesar algo. ¿Qué era la memoria?

A Jeff Long se encantan las disquisiciones psicológicas, analizando las reacciones y los reflejos de las reacciones de sus personajes. Tiene suficiente liberalidad como para hacer de dos homosexuales personajes protagonicos simpáticos. Escribe como un facista pero se rie explicitamente de ellos.

En suma, un escritor completo casi en todos los rubros. Y es un hombre joven. No debió pasar un periodo de maduración extendido como Wilbur Smith(1) . Es decir, que los proximos años tendremos más y mejor Jeff Long.

Sin embargo, la calidad de la historia traza un arco. Arranca bajo, sube y cerca del final vuelve a caer. El remate parece haber sido pensado en 15 minutos -como me gusta decir- con el Señor Editor esperando en la puerta, con el motor del coche prendido, para llevarse el original. Sin embargo, Jeff Long daba para más.

Además de eso, muy a mi pesar (que mas quisiera yo que escribir como el!), noto un par de incongruencias graves, como capacidades que el personaje X no debería tener pero tiene y otras capacidades que el personaje Z deberia tener y no tiene.

Es por esto que creo que el cetro de "novela insigne" en el tema de "nosotros contra los monstruos" permanece donde está, y donde está es tema de discursión, que es otra historia. En todo caso, puede ser motivo de una proxima nota.

Por un pelo.

Dejo el link al sitio del autor, que como se puede ver, no es un patán cualquiera de la industrial editorial. Además, le gusta viajar a lugares riesgosos e incómodos y beber de las fuentes las sensaciones de los distintos lugares que luego recreará en sus historias.
http://www.jefflongbooks.com/


(1) Hace veinte años Wilbur Smith escribía unas historias llenas de escenas empalagosas como sacadas de avisos comerciales idealizados, pero a partir de Río Sagrado entró en la literatura

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